Thursday, August 07, 2008

Aniquilen

a la súper ñoña. De plano. Es que es demasiado y a mí, francamente, todo me da *oso*, y no precisamente ajeno. O sea, es que yo ya quiero esfumarme y por favor que sea por el WC público, el de la plaza del pueblo, algo con más estilo que el espectáculo de la guillotina. Que la tierra no me trague, porque seguramente del abono saldrían ramitas de frutas saladas. Yo quisiera montarme de una vez por todas en el lomo de un buitre ciego y de vuelo raso. Quiero robarme los huevos de tortuga, burlarme de los osos polares que nunca encuentran hielo firme, ¡a ver cuándo firmamos nuestra salida, chicos! De todos los males del universo, creo que el que más me molesta es el de la gente tolerante, amable, open mind... Cuando dicen "no puedes generalizar, todo es relativo, no puede imperar el cinismo"... no sé si me están enviando mensajes subliminales, peticiones sutiles de aniquilamiento. A mí me molesta que lo material se vea acosado por un mundo de espíritus sosos. Yo he estado en el infierno, chicos. No una, ni dos, sino muchas veces. Y no puedo asegurar que regresé en una sola pieza, o tal vez sí, si estuviéramos hablando de ese elemento siempre único que es el ataúd. Yo he estado, involuntariamente (obvio), en conciertos de Café Tacuba, de Mijares y Lucerito... Yo he tenido que escuchar discos completos de Maná. Yo he tenido que escuchar las quejas ñoñas de infinidad de sujetos aburridos y despreciables. Yo he tenido que esperar durante horas un programa decente en la televisión por cable. Yo he suspendido a la mitad la lectura del mejor libro jamás escrito. Yo me he visto engordar tres kilos en dos semanas, y a más gordura, menos movería un dedo. Yo he pasado días enteros sin hacer nada, teniendo en cuenta, en todo momento, esa tortuosa certeza de que un día todo va a acabar. Yo he tenido astillas debajo de las uñas. Yo he vivido demasiado tiempo en un sitio que no está a la altura de mis necesidades afectivas. Yo he convivido durante minutos eternos en el vagón de metro con hinchas del América. ¿Y saben? Nunca pasa nada. Es como viajar en el túnel del mal, y nunca llegar al fondo. Por eso el mal es ahora mi vacuna. Yo soy vigilante, en mi tiempo libre es a lo que me dedico, y es la actividad que me deja más exhausta. Yo soy la heroína que entra a escena, y no precisamente a través de la niebla o el hielo seco, sino del miasma oscuro que emana de las cloacas, las calles y sobre todo, de los habitantes de esta ciudad. Mi capa es más como una cobija roída, porque en el fondo soy una wimp que se las da de ganadora. Porque soy vigilante, sé que uno nunca debe bajar la guardia. Las personas como yo no debemos ignorar que el mal es un ente en constante transformación y expansión. Y la suerte siempre da virajes inesperados, siempre hay algo peor. Es decir, pude haber nacido en Camboya, Serbia o Etiopía. Entonces me lamo las heridas, hago como que lo supero...

- ¿Piggy Wolfstein? ¿Eres tú? He estado intentando comunicarme contigo, ¿estaba descompuesto tu teléfono?
- No, es sólo que nunca lo contesto.
- Ya veo, te gusta cuidar tu privacidad. Fíjate que recibí un reporte un tanto inquietante. Me dijeron que tomaste la puebra del polígrafo y que la aguja salió volando...
- Sí.
- ¿No tienes nada que decir al respecto?
- No. Al menos no en este momento.
- ¿Qué haces?
- Estoy escribiendo un texto en mi contra. No interrumpas.

Sí, este es el momento en el que yo me doy una manita de gato, me pongo mis mejores prendas, úntome bilé rosita y un poco de rubor. También me he preparado una torta enorme, y en mi bolso guardo sodas refrescantes para poder disfrutar de esta amena y eterna mañana que yo pasaré como parte del público de Siempre en domingo, porque en realidad Siempre en domingo es un programa que nunca acabó, que se desarrolla día a día en las almas de las personas como yo. Como en la canción, lo primero que hago al despertar es rezar por ti, por mí ya no, sería como apostarle a un cadáver en la carrera de caballos. San Macario, viejo sabio y anacoreta que te adentraste en el desierto sin probar gota de agua durante días, y encontraste ahí tu hogar: ayúdalos a ellos que todavía tienen un gramo de esperanza. No te pido que me ayudes, pero si te es posible, protégeme:


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