El otro día mi día iba como esas estadísticas de la economía mundial, de arriba hacia el sótano:
Ay, ¡nooo! Qué súper orrivle
Me pilló en la calle, muy lejos de casa, de mis chinchillas y del campo magnético de la protección y el bienestar. Simplemente me senté en unos escalones, al aire libre, con un sol africano en pleno septiembre. No me podía mover, tenía la energía de una anciana de 89 años. Se concentraba en mí algo así como el pre-big bang, sentí a Dios gordo apoyado en mi frágil cuerpo. Estuve sujeta a estas circunstancias durante diez minutos, hasta que la insolación, pero sobre todo el hambre, me incitaron a buscar un restaurante. Durante esos diez minutos invoqué a los monjes tibetanos, "espiritualmente" les dije que los admiraba y los envidiaba, pero que mi yin se estaba comiendo a mi yang (yang es el positivo, ¿verdad?) y que solicitaba su ayuda, su guía. También pensé en la hamburguesa doble que me gustaría comer, los últimos chocolates que más me gustaron, un masaje en los pies, un jacuzzi con burbujas, la última vez que fui a la playa y no hice más que estar ahí, incluso por momentos logré no pensar en nada, fui no más que una máquina sensorial con el mar frente a mí. Invocaciones psicodélicas, "day dreaming". Ninguna relación con la realidad. Yo necesito un plan. Necesito parir unas cuantas bromas y hallarles un lugar en el mundo cotidiano, hacerlas funcionar. De niña pensaba que un día me iría muy, muy mal, y entonces tendría que ingeniar mi supervivencia, hallar mi boleto de salida, o por lo menos dibujarlo con crayolas en un trozo de cartón. Que sería como un elfo perdido en un bosque nada encantado, cercado por espíritus malignos y caballeros con sus espadotas y escudos, y yo no poseía más que mi capa roída, mis zapatines de duende, una bolsita de bromas y trucos mágicos, y miedo de hamtaro.
Yo creo que escribir canciones o elucubrar bromas debería ser tan cotidiano y vital como regar el jardín con agua hervida. Creo que es posible hacer de ello una disciplina, una rutina, una pócima contra el aburrimiento y la tristeza. Conozco gente que ha encontrado la fórmula. No sé si sea como ganarse la lotería, yo compro mi boleto de lotería todos los días y nunca me gano ni un vaso de agua, pero lo sigo haciendo, sigo buscando la broma exacta. No sé cuánto tiempo me queda. Supongo que aún soy joven, pero las enfermedades y la mala fortuna siempre están al acecho, aunque tus plegarias sean de hierro, "shit happens", y donde yo vivo, "shet happens" cada segundo, y cuando "shit doesn't happen", se le atribuye a un milagro. Ahora creo que sólo puedo confiar en algunas canciones y una pandilla de rufianes, de transgresores del orden, porque realmente estamos muy aburridos, ¿no, chicos? "Unite and take over...". Tengo un taladro pero no creo en la electricidad, así que prefiero mi martillo, y aunque a veces no puedo ni sostener mi humanidad, estoy dispuesta a la destrucción total por medio de las bromas. Carezco de metodología, pero algo se me va a ocurrir muy pronto. Bromasauria Rex: muéstrame el camino, hallemos juntas gloria, prestigio y unas risotas.
Wednesday, September 17, 2008
Sense of wonder
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1 oxiuros bebés:
las mejores bromas son las que no dan risa, o sea que las que nos hacemos nosotros mismos.
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